Resumen
El presente ensayo propone un modelo de aproximación al universo poético desde la esencialidad y la complejidad que caracterizan las relaciones entre los elementos que componen una determinada obra. A la hora de estudiar el cosmos al que nos acerquemos trataremos en primer lugar de dilucidar y profundizar en aquella serie de relaciones de imágenes —ya patentes, ya latentes— que animan y dotan de fuerza expresiva al conjunto de la creación. Para ello resulta necesario distinguir la idea-axial sobre la que se construye la obra, así como discernir las polaridades elementales que ejercen su atracción sobre el conjunto de las imágenes, labor que permite conocer el espacio —y con ello los límites— en el que el creador lleva a cabo sus búsquedas, al tiempo que posibilita la observación de cada uno de los símbolos dominantes. Estos símbolos los podemos comprender como constelaciones grávidas de significado proyectadas desde los elementos que conforman la creación, a saber, agua, tierra, fuego, aire, dinamizados todos ellos por un élan o aliento vital entendido como fuerza no visible posibilitadora del devenir metamórfico de las imágenes. Además de estos cuatro elementos y de su fuerza vivificadora, será conveniente tener en cuenta, cuando el objeto estudiado lo requiera, la existencia de un orden trascendente que, pese a no mostrarse, ejercerá una constante tensión sobre el universo de formas.
