Resumen
Cristina Campo y María Zambrano se conocen en Roma probablemente a finales de los años cincuenta. Alejadas de los elegantes salones donde se reúnen los más conocidos intelectuales de la época, las dos mujeres optan por una discreta soledad: heterodoxas y esquivas por naturaleza, Campo y Zambrano renuncian por carácter a la típica notoriedad del ambiente cultural romano manteniéndose al margen, poco dispuestas a llamar la atención. Solamente el trabajo de la escritura, asumido en todo momento con la máxima eficiencia y pasión, las lleva a entrar en contacto. Ambas comparten un sentimiento de devoción frente a la realidad, de la que descifran los símbolos y las huellas reconocibles de la belleza espiritual y la poesía. El intercambio epistolar entre Campo y Zambrano data de entre 1961 y 1975. Las cartas de Cristina Campo se publicaron en 2003 en la revista Humanitas y con la nueva edición de Archinto de 2009, vuelve a aparecer, enriquecidas con un mayor aparato crítico, de la mano de Maria Pertile.
