Resumen
Johan Huizinga nos definió, como especie, como Homo ludens, la especie humana que juega, y sostiene una implicación entre juego y cultura. Si bien no es posible una identificación total entre juego y ocio, su postulado indica la necesidad humana del entretenimiento y la esfera del ocio, independiente del resto, pero siempre relacionada con el resto de las esferas sociales.
Así pues, el ocio se configura como una parte fundamental de nuestra cultura. Ahora bien, desde el establecimiento del sistema capitalista, la regulación horaria y la creación de la sociedad de consumo, los espectáculos, el tiempo libre y, en general, el ocio, se convirtió en parte de la estructura del sistema de consumo y pasó a ser un bien comerciable más.
El establecimiento del ocio como mercancía provocó un cambio fundamental. Si atendemos las palabras de Jean Baudrillard (1970, p. 82), la sociedad de consumo nos obliga al goce, lo que incluye, como no puede ser de otra manera, el ocio. Nos convertimos así en usuarios de ocio, necesitamos “probarlo todo” en lo que Baudrillard define como “fun morality”.
