Resumen
El último libro del profesor Miguel García-Baró es un libro valiente. Y lo es por varios motivos. El primero, por su atrevimiento a ir más lejos de donde llegaron sus propios maestros. El primero de entre estos, su propio padre, que mutiló en sí mismo las inquietudes intelectuales que le habían llevado a ser un lector cuidadoso e inteligente, tras la nefasta experiencia de la guerra. La ominosa convicción de que los españoles que se dedican al pensamiento terminan “siendo fusilados o fusilando” fue la causa que llevó al padre de nuestro autor al abandono de la actividad intelectual. Abandono que dejó en manos del joven Miguel una conversación incipiente, ya para siempre inconclusa, en forma de subrayados y anotaciones en el ejemplar paterno de El Espectador, de José Ortega y Gasset.