Resumen
Michael Oakeshott (1901-1990) es un autor casi desconocido –¿o habría que suprimir el casi?– para los historiadores españoles. Es empresa difícil, aunque no imposible, hallar su nombre en los manuales de historiografía usados en nuestras universidades o descubrir referencias a su obra en las reflexiones, no muy numerosas, pero influyentes tanto en España como en Iberoamérica, de los osados sacerdotes de Clío que se han atrevido a intentar acercamientos teóricos y metodológicos a la historia en cualquiera de las lenguas españolas. Tampoco se suelen hallar en los textos historiológicos –por hacer servir un término caro a Ortega– traducidos de otros idiomas para uso y disfrute de historiadores (no para uso y acicate de filósofos) castellanoparlantes, aunque es aludido, por ejemplo, en ¿Qué es la historia? de E. H. Carr. De hecho, he de reconocer que, dada mi condición de historiador y no guardando en mi memoria ningún poso de esa breve alusión de Carr, antes de leer el volumen que nos ocupa sólo conocía a Oakeshott por la recensión que se hacía de su obra Experience and its Modes (Cambridge, 1933) en Idea de la historia, de R. G. Collingwood, un libro publicado en inglés en el ya lejano 1946, que trasladó al castellano en 1952 el Fondo de Cultura Económica en México, y que ha reeditado hace un par de décadas la Oxford University Press –en versión corregida y aumentada de 1993–, versión que también el FCE ha traducido en 2004. Y que no es precisamente un libro de cabecera para los historiadores españoles actuales.