Resumen
Como creyente en el progreso, me cuesta admitir que cualquier cosa fuera mejor en el pasado. Al fin y al cabo, como dijo una vez el periodista estadounidense Franklin P. Adams, “nada contribuye tanto a los buenos viejos tiempos como una mala memoria”. Pero en los últimos años, he empezado a reconocer a regañadientes que algo ha cambiado, y para peor. El pesimismo y los augurios apocalípticos han existido siempre, pero en el último medio siglo hemos perdido por completo la fe en la idea de progreso. […] Si uno se sumerge en el arte y la cultura popular del pasado, parece evidente que nuestros (casi) antepasados eran genuinamente más optimistas respecto al futuro y más confiados en la modernidad.

