Resumen
Es una pregunta curiosa, que en cierta ocasión me plantearon en clase mis estudiantes universitarios. Ellos no la formularon con tales palabras. Yo les había dado a leer el Fedón de Platón, ese texto extraordinario en el que Sócrates, a punto de ser ejecutado, expone ante sus discípulos los argumentos en favor de la inmortalidad del alma, exhortándoles a que no lamenten su muerte corporal inminente. Por aquellos días, mis estudiantes habían ido al cine a ver la película Troya, con Brad Pitt como protagonista, y algunos de ellos sugerían, medio en broma, medio en serio, que era más fácil, más rápido y más divertido “ver” la historia de la Ilíada en pantalla, que leer durante horas aquellas enrevesadas descripciones de aburridas batallas, plasmadas por Homero en un lenguaje para ellos ininteligible… “¿No podríamos —sugerían— ver alguna película sobre el Fedón, en lugar de leer los difíciles argumentos de Platón?”

